Existe una extraña energía es esta habitación, puedo sentirla. He pasado la noche entera experimentando toda clase de sensaciones y no sé si me encanta o si me aterra.
Lo que siento se encuentra extrañamente encima de mi piel, como si del aire emanara algo denso. Como si el propio aire pesara. Estoy recostada mirando al techo, afuera el frío es siniestro. El peso de los ponchos de la cama asfixian mi mente. Siento entonces un abrazo tan fuerte, volteo la vista a una luz tenue y no hay mas que aire. De nuevo el terror paraliza mi cuerpo, no puedo moverme.
Lo que siento me susurra sin sentido, esas voces que al principio me dieron calma ahora se mezclan en mi oído, me hablan extrañas lenguas, me acosan y exigen cosas que no entiendo. Aparece clara la voz familiar, directa, comunicándose conmigo, esperando una respuesta. Yo antes perdida empiezo a concentrarme, me salgo del ridículo estado de conciencia y con terror escucho la respuesta que de mí no pudo haber nacido. No entiendo lo que pasa a que se debe esta demencia.
Lo que siento ahora me transporta en un viaje y aquí empiezo a ver todo un poco más claro. Utilizo los poderes de la noche, me transformo en otra cosa, la energía se acrecenta y me da un empujón. Me introduzco en un túnel de tierra con surcos. En el camino empiezan a surgir como locas las imágenes. Mi madre sentada sonriente con su pelo corto. Mi vista un lente que se acerca a ella hasta chocar contra su frente. Cierro los ojos, no quiero lastimarme. Los abro y de nuevo me ha cambiado la imagen, para encontrarme sentada en un espacio con paredes de vidrio. Un perro gigante, feroz desde afuera me ladra. Lo veo y temerosa su mirada desafío. El perro no está más afuera, se encuentra a mi lado y con sus filudos dientes me muerde la mano. Empiezo a gritar y se me ha olvidado a que suena mi voz, de mi garganta sólo sale la agonía. Tras varios intentos de un grito sin vida, un “no” rotundo me devuelve al principio.
Ahora, despierta, el ciclo de la noche ha dado su giro. Los ponchos más livianos devuelven el aire. Las voces calmadas desvanecen el ruido. Me salgo del cuarto, respiro tranquila, me seco una lágrima, me cubro del frío.
Talvez el misterio de esta tierra se apoderó de mi noche, talvez la nostalgia que me causa la distancia me hizo desvariar. Talvez si exista una extraña energía que no pueda descifrar.
Volveré a la cama sin saber cómo salí de ella, volveré a mi sueño sin temor de una pesadilla. Talvez controle esta vez mis pensamientos, talvez esta vez sólo me quede dormida.
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